Después del terremoto

Después del terremoto

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El mismo autor se define como "un autor para el caos", con su propia teoría, la cual enuncia que sus libros son apreciados sólo por las personas que viven en situación de caos. ¿Me tengo que dar por aludida? Lo desconozco... Lo único que tengo claro es que Haruki sigue siendo mi escritor favorito, mi mito, mi modelo, uno de estos líderes intelectuales que no pueden faltar en mi abanico literario. Y cada día que pasa, siempre mas insatisfecha por mi trabajo, por mi día a día, más me inspiro y me refugio en sus libros, en sus palabras, en sus enunciados, donde se alaban las ideologías (que palabra tan compleja) y "cuánto más pura sea una ideología, más peligrosa será". Me veo dispuesta al riesgo, al anticonformismo, y apoyo esta teoría con todas mis fuerzas, aunque automáticamente se metaforiza como peligrosa.

“Después del terremoto” la defino como una novela corta, o  un conjunto de relatos largos, con un único e indiscutible protagonista: el terremoto. El seísmo que en 1995 yermó a la ciudad japonesa de Kobe cobrándose muchas vidas inspiró al (¿futuro?) premio Nobel de literatura a la hora de plasmar, con su inconfundible estilo literario, un mundo visceral de oscilaciones permanentes, entre lo real y lo onírico, el humor y la oscuridad, protagonizado por los inquietantes personajes, supervivientes de la apocalipsis. En su singular forma de narración,  que yo siempre defino como “moderno Kafkiana”, nos adentramos en los  relatos cuestionando la realidad, traspasando los límites de la existencia, llegando a plasmar unos personajes casi de ciencia ficción, siempre  subyugados a la conmiseración,  al sufrimiento humano, al dolor, aunque el autor, a su forma, parece transformar a los protagonistas en metáforas de coraje, lucha y pasión.   

Relatos donde una rana es la actora, casi como la famosa cucaracha de Kafka, anhelando, como este anfibio, una “Metamorfosis” del protagonista, para asegurar la salvación de Tokio en un segundo posible seísmo; o  donde un escritor nos atemoriza con su crisis personal, entrando en las vísceras de su propia vida, incapaz, con su recesión vital,  de encontrar las palabras y la fuerza de “retratar” su existencia, antónimo en su esencia de ensayista.

Sin duda los aspectos autobiográficos del autor están siempre latentes, como su gusto para los platos selectos, el jazz  o el rock, transportándonos a una realidad donde prevalecen el anticonformismo, las dudas existenciales y la esperanza, sutilmente descrita, codiciando  un mundo más justo y equitativo.

Los cambios son posibles y se pueden palpar.

Sólo espero no despertarme rana o cucaracha mañana por la mañana, al son de ¡“Let it be”!

 

Silvia Francoli

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