Sala Insular de Teatro
 
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La Sala Insular de Teatro (SIT) acogerá este jueves a partir de las 20.30 horas el concierto de presentación de ‘Versos a tiempo’, primer proyecto discográfico del Departamento de Ediciones del Cabildo de Gran Canaria y en el que el cantautor Heriberto Cruz y el músico David Álamo ofrecen su particular visión de tres poetas modernistas canarios. 
El disco, que se encuentra ya a la venta, reúne poemas cantados de Tomás Morales (‘La inmensidad nocturna, I’, ‘Palinodia’,’ La calle de Triana’, a Domingo Doreste, y ‘Final’); Alonso Quesada (‘La luna está sobre el mar’ y ‘Madrigal misterioso’) y Saulo Torón (‘Presentación’, ’Cantemos. Consejos varios, VIII’, para Enrique Díez Canedo, ‘Habla una voz’ y ‘Vísperas. Las cosas que me cargan’). 
La entrada al concierto, que se repetirá el 24 de noviembre a las 19.00 horas en la Casa-Museo Tomás Morales de Moya, es gratuita y el público puede recoger sus invitaciones aún este jueves de 17.00 a 20.30 horas en la taquilla del Teatro Cuyás. Al acto acudirán entre otros el consejero de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, Carlos Ruiz, y el director general del área, Oswaldo Guerra.
EL PROYECTO. Este trabajo se convierte para Cruz “en un aprendizaje, otra forma de acercarme a nuestro pasado para intentar mostrar, a mi manera, quiénes hemos sido y quiénes podemos ser”.
La idea partió del director general de Cultura, Patrimonio Histórico y Museos del Cabildo de Gran Canaria, Oswaldo Guerra, quien además prologa el libro-disco. “Un siglo después de la eclosión cultural del modernismo grancanario, multifacético y contestatario, rebelde e inaugural, los textos de Tomás, Saulo y Alonso siguen plenamente vigentes”, afirma Guerra, para quien ‘Versos a tiempo’ permitirá hoy escuchar sus versos “con la misma frescura que antaño debieron oírse recitados en la Plaza Hurtado de Mendoza o en el Puente de Palo de la capital”. 
“Son, todavía, “versos a tiempo”, pero ahora en la voz de un artista contemporáneo, el cantautor Heriberto Cruz, que, acompañado de David Álamo, Jorge Soroa y otros músicos, ha sabido traer a nuestro tiempo, con ritmos sonoros variados y contemporáneos (charlestón, habanera, reggae, rock…), toda la inmediatez de aquellos poemas siempre recordados”, asegura Guerra, para quien “el modernismo, si se caracteriza por algo, es precisamente por su mestizaje cultural, por su trasiego de tonos y aires entre una y otra orilla del Atlántico”.
Versos a tiempo ha permitido a Cruz trabajar de nuevo “con uno de los guitarristas más versátiles que he oído,  un amigo que se ha convertido, además, en un compañero de viajes musicales imprescindible”, explica en alusión a David Álamo. “También me ha permitido seguir aprendiendo de la experiencia y personalidad del maestro cubano Jorge Soroa (batería y percusión) y, además, hacerlo en uno de los mejores estudios, Jesiisma, con la sabiduría de Jesús Mendoza y la frescura de Joel Mendoza”, añade el artista.  En el disco colaboran también Rafa Yánez (teclado eléctrico en La calle de Triana), José Vicente Araña (arreglos de metal y trompeta en Presentación), Juan Bosco Arencibia (trombón en Presentación) y Juan Manuela Alemán (clarinete en presentación), así como María y John Parsons (guitarra eléctrica en ‘Cantemos’).
MODERNISMO Y MODERNIDAD EN CANARIAS. A finales del siglo XIX y principios del XX, el mundo occidental vive un momento de crisis social y económica generalizado que pone al descubierto las enormes contradicciones del mundo capitalista. En el ámbito del arte, y especialmente en la literatura, la respuesta a esa crisis de valores es, a grandes rasgos, lo que conocemos como Modernismo.
Distintos autores, principalmente hispanoamericanos, proponen un cambio estético, una renovación radical de los modos de enfrentarse al lenguaje y a la realidad. José Martí, Julián del Casal, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, José Asunción Silva y, especialmente, Rubén Darío establecerán las bases de todo un movimiento intelectual de largo alcance asentado, en gran medida, en el desarrollo urbano de las grandes ciudades latinas. 


Para entender el modernismo americano en su justa medida, es preciso recordar que se trata de un movimiento emancipador porque sus protagonistas tuvieron conciencia clara de su propia autonomía creadora. Sintieron, por primera vez desde el período colonial, que estaban construyendo un pensamiento propio, que estaban mirando el mundo desde una singular perspectiva forjada por ellos mismos. Por eso, el movimiento modernista es un movimiento identitario.
En las Islas Canarias, donde la emancipación política no cuajó como al otro lado del Atlántico, surgió un parecido movimiento de búsqueda de identidad. Para el caso de Gran Canaria, el desarrollo cultural iba a producirse un poco más tarde que en Hispanoamérica, pues no será hasta la década de 1880 cuando la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, capital de la isla, se abra a la modernidad. Dos hechos fundamentales hicieron que esto fuera posible: la presencia británica, con notables intereses comerciales y geoestratégicos, y la construcción del Puerto de la Luz y de Las Palmas, propiciada por la incipiente burguesía capitalina (representada por los hermanos León y Castillo y apoyada precisamente por la colonia inglesa).
El pleno funcionamiento del puerto permitirá el desarrollo rápido de la ciudad, con las contradicciones que esto acarrea, incluyendo, en los albores del siglo XX, el surgimiento de una nueva clase de intelectuales. Entre ellos destaca un puñado de autores (narradores, ensayistas, poetas, periodistas…) que, con una mentalidad abierta a Europa y América, sentarán las bases del moderno pensamiento canario.
LOS TRES POETAS. Aunque son numerosos los autores que se adscriben al movimiento modernista literario, los que destacan son Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. Se considera clave para este movimiento el año de 1908, porque es cuando Morales, el más carismático de los tres, publica su célebre ‘Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar’. Entre ese año y 1925, cuando fallece Alonso Quesada, el Modernismo dio sus mejores frutos en Canarias, ya en contacto con la nueva generación que timoneará la vanguardia histórica.
Al dar a luz los ‘Poemas de la Gloria, del Amor y del Mar’ en la capital española, Tomás Morales llama la atención de los círculos literarios, poco acostumbrados a escuchar versos tan frescos y de temática tan diferente, sobre todo los referidos al mar. A partir de entonces, su fama se crece por momentos, aunque lamentablemente tendrá que abandonar su estancia allí por problemas económicos. Su recién expedido título de licenciado en Medicina le permitirá acomodarse en una modesta consulta al norte de Gran Canaria.
 
Hasta su muerte en 1921, Morales se vuelca en el magno proyecto de cantar a su patria a través de la mitificación de los espacios y de una visión telúrica y metafísica. En realidad, el poeta quería dar respuesta, con conciencia, al factor inaugural que el Modernismo le había proporcionado con las herramientas verbales: el mar, la tierra, el fuego, la ciudad y el progreso, fueron los elementos que Morales mitificó a modo de canto épico-simbólico. En la estela del primer escritor canario, Bartolomé Cairasco de Figueroa (1538-1610), fundador de nuestro pensamiento mestizo, Morales se erigió en teórico de nuestra modernidad. El magno proyecto inconcluso debido a su prematura muerte, recibió el título de Las Rosas de Hércules. 
Saulo Torón ejemplifica, como Alonso Quesada,  al poeta que subsiste gracias a la actividad portuaria de la emergente ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, pues no en vano trabajó casi toda su vida en la compañía carbonera de Gran Canaria y luego en las oficinas de Miller, empresa británica que contribuyó al crecimiento de la citada ciudad atlántica.
En su época de plenitud, publica ‘Las monedas de cobre’ (1919), ‘El caracol encantado’ (1926) y ‘Canciones de la orilla’ (1932), libros en los que muestra una personal visión lírica sobre el mar que dejará honda huella en poetas más jóvenes como Fernando González y Josefina de la Torre. De los tres poetas amigos, Saulo fue el único que tuvo vida longeva, y aunque tras la Guerra Civil española se aísla voluntariamente en su casa y se aparta de la actividad pública, su magisterio fue reconocido por distintas generaciones de escritores canarios.
Alonso Quesada (seudónimo de Rafael Romero Quesada) es un poeta de vida atormentada, formulador como pocos del drama existencia del ser insular, inconformista, observador y juez de la realidad que le tocó vivir. La prematura muerte de su padre marcó su futuro, al tener que ocuparse de la unidad familiar. Trabajaba para ganarse la vida, como Saulo, al servicio de los británicos, en el Elder Dempster y en el Bank of British West Africa, pero su verdadera dedicación fue el periodismo y la literatura.
En desacuerdo con todo o con casi todo, su visión irónica y certera sobre diversos temas de la sociedad de su tiempo lo convierte en un imprescindible cronista, especialmente de la asfixiante vida isleña. Todo ello se plasmará en una impresionante obra periodística, firmada generalmente con seudónimo, que quedaría recogida, en vida del autor, en el volumen ‘Crónicas de la ciudad y de la noche’ (1919).
La poesía ocupa un lugar central en su producción literaria, a pesar de que solo consiguió publicar antes de su muerte ‘El lino de los sueños’ en 1915, y ‘Poema truncado de Madrid’ (Revista España, 1920). ‘Los caminos dispersos’, editado póstumamente, revela el verdadero sentido de la modernidad de Quesada. También cultivó el autor de la novela (‘Smoking Room’, ‘Las inquietudes del Hall’) y el teatro (‘La umbría’, ‘Llanura’). La mayor parte de su obra se publicó póstumamente. 
 
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