Biblioteca Insular

Cubierta de Amphigorey

El viernes próximo, día 9 de mayo, a partir de las 18.00 horas, en el Aula de Apoyo 2 de la primera planta de la Biblioteca Insular del Cabildo de Gran Canaria, el Club del Cómic del citado centro propondrá a sus seguidores adentrarse en ‘Amphigorey’, la obra más aclamada creada por Edgard Gorey, uno de los ilustradores norteamericanos más interesantes y originales de la segunda parte del siglo XX.

Fallecido hace catorce años Gorey está considerado como un paradigma de lo macabro y de lo bizarro.Autor de un centenar de libros ilustrados e ilustrador de otros sesenta, este creador autodidacta y excéntrico -vivió la mayor parte de su vida completamente solo, rodeado de sus gatos, libros y discos, y cultivando su gran pasión por el ballet-, comenzó trabajando como director artístico en la editorial neoyorquina Doubleday, hasta convertirse en todo un icono para una generación de cineastas que encabezaría Tim Burton. Para definir los dibujos y las historias de Gorey podríamos remitir a los amantes del cómic a una tradición de ilustradores irrepetibles entre los que estarían sin duda Odilon Redon, Arthur Rackham, Alfred Kubin o Roland Topor, entre otros.

El volumen de Gorey que ha elegido el Club del Cómic que coordina Luciano Díaz está editado por Valdemar, y nos ofrece quince obras de todo tipo ilustradas del citado autor. En todas ellas destaca otra de las características de la narratividad de Gorey: sugerir antes que declarar, presentar antes que explicar, mostrar antes que clasificar.

Gorey, que tuvo que fundar su propia editorial para distribuir y vender sus propios libros ilustrados, publicó su primera y peculiar mininovela, The Unstrung Harp (El arpa no encontrada) en 1953. A ella le seguirían The Listing Attic (El desván del listado, 1954) y The Object Lesson (El ejemplo práctico, 1958). Sin embargo, sus creaciones no alcanzaron al gran público hasta que en 1972 la editorial Putnam publicó la antología que abordará en su sesión el Club del Cómic de la Biblioteca Insular, Amphigorey, cuyo éxito propició la aparición posterior de otros dos excelentes recopilatorios: Amphigorey Too (1974) y Amphigorey Also (1983), y elevó a su autor a la categoría de ilustrador de culto.

 El ilustrador norteamericano Edward GoreyGorey siempre buscó dinamizar la mente del lector antes que cerrar las puertas de una historia. En efecto, siempre, en sus imágenes y textos permitirá al lector que componga su propio relato, buscar sus explicaciones o pensar en otras implicaciones. Sin embargo, y con ese clasicismo formal que le caracteriza, no se puede hablar de inexistencia argumental. Antes bien, cabría decir que lo que hace Gorey es establecer una colaboración única con cada lector.

Según muchos especialistas del género, esa contención, conseguida con un derroche técnico y artístico notable, es una auténtica experiencia que lleva a Gorey a superar los meros límites de la autoría y entrar en la grandeza del genio.

El autor vivía en una casa rodeado de sus muchos gatos, de sus libros, discos y de los numerosos objetos que coleccionaba. Dicen que no hacía distinción entre tipos de cultura y discutía con la misma pasión sobre un capítulo de los Simpsons como de filosofía. De hecho no se perdía series como ‘Expediente X’ o ‘Buffy cazavampiros’. En las entrevistas prefería hablar de películas que le gustaban antes que de sus propios libros y podía empezar hablando de la etapa británica de Hitchcock para terminar hablando de la última de Jackie Chan. Su casa en Cape Cod, al noreste de EE.UU -llamada Elephant house- ahora es un museo que custodia la memoria y la obra de Gorey.

 

Ilustración de Gorey

 

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