González Déniz, Ángeles Caso y Victoria Galván

Los escritores Emilio González Déniz y Ángeles Caso hablaron en el día de ayer en el marco del sexto encuentro literario que tuvo lugar en la Casa Museo Pérez Galdós, del peso protagónico que han tenido las visiones masculinas en la historia de la cultura occidental, del mercado editorial español, del paradigma de las hermanas Brontë, y del peso de la historia en la construcción de cada uno de los proyectos literarios de ambos autores. Tampoco faltaron referencias puntuales para la situación actual que vive España y para la presencia que la figura de Galdós tuvo durante la adolescencia de Ángeles Caso.


“Hemos vivido en un mundo en el que los principios éticos y estéticos que nos han dirigido los han marcado los varones. Las mujeres cuando han pensado y creado por cuenta propia lo han hecho reproduciendo los modelos masculinos imperantes, salvo raras excepciones como las osadas hermanas Brontë, que abordaron asuntos que no respondían a los estereotipos de la época escribiendo con pseudónimos masculinos y sobre las que preparo ahora mismo una obra”, indicó Caso.


Lolita y Con faldas y a lo loco
Emilio González Déniz advirtió que a su juicio “existen dos hitos fundamentales en la cultura del siglo XX que cada vez están más claros: la novela Lolita y la película Con faldas y a lo loco, que por vez primera en la historia de la cultura occidental cuestiona la perfección masculina. Luego viene todo lo demás”.

Caso comentó como ejemplo paradigmático del machismo cultural reinante en España, el premio literario que otorga todos los años desde el año 50 la crítica especializada a la mejor novela y libro de poesía, porque desde 1958, que lo obtuvo Elena Quiroga hasta el año 2012, que lo ganó Clara Ausón, no lo volvió a obtener ninguna mujer escritora española. “No somos académicas, no contamos en el mundillo en el que se hacen y deshacen las famas, no nos dan los premios de prestigio, etc, y sigue siendo así”, dijo.

“El Quijote es una novela en la que no hay mujeres”, recordó la escritora asturiana. “La gran presencia femenina de Cervantes en esta obra se reduce a un fantasma, que es Dulcinea, un personaje virtual que no existe nada más que en los sueños”. Según Déniz, “hoy no podría publicarse El Quijote porque no sería políticamente correcto con su fanatismo religioso, su racismo contra el moro, su antisemitismo… Me hace gracia cuando se habla de los escritores que se adelantan a su tiempo, porque no hay nadie que lo haga. Cervantes es hijo de su tiempo como lo es Galdós”.

La historia también estuvo presente en el encuentro literario protagonizado por ambos autores. González Déniz señaló al respecto que “la historia es una fiel aliada de la novela, mientras que la novela suele ser bastante traidora con la historia porque la interpreta a su manera y esa es su obligación”. Caso adelantó que por la cultura a la que se ha visto sometida desde niña “se mueve con más soltura en el Palacio de Versalles que en un centro comercial. Escribir una novela ambientada en la Corte de Felipe V o sobre Luis XIV no me exige un trabajo especial de documentación, mientras que abordar una biografía sí requiere un riguroso trabajo de indagación que no admite frivolidades. Todas las novelas son históricas. Leer una novela es hacer un paréntesis dentro de la vida cotidiana, un paréntesis en el cual el lector establece un juego con el escritor y decide que se va a creer todo lo que el escritor le cuente, entregándole su absoluta confianza ”.

Ángeles Caso confesó que “Galdós fue un compañero extraordinario de noches y noches de lectura durante su juventud”. Recordó que su abuelo, campesino de Covadonga, siempre leía y releía los Episodios Nacionales de Galdós, y que admira “los preciosos episodios de amoríos entre la Pardo Bazán y el novelista canario contenidos en la cartas entre ambos. Me parece un relato delicado y esplendoroso del triste siglo XIX español”.



Estoy muy enfadada con España
Caso se mostró durante su conversación con el público indignada con algunos temas relacionados con la actualidad, como con las muestras unánimes de reconocimiento vividas con motivo del fallecimiento de Adolfo Suárez. “Me pregunto por qué siempre honramos tanto a los muertos y tan poco a los vivos. Lo que más me molesta de este fenómeno que vivimos con la muerte de Suárez es ver cómo se apuntan al carro todos los que llevan décadas machacando a este país y haciendo lo opuesto de lo que le alaban a Suárez. Se arriman a la foto del honrado y digno estadista y esto me tiene muy cabreada. Estoy muy enfadada con España, y no sólo con los políticos”, dijo la escritora que, acto seguido fue aplaudida por el público que se encontraba en el salón de actos de la Casa Museo Pérez Galdós.

“Da mucha vergüenza comprobar cómo se ha ejercido el poder en España. Doy por supuesto de que el trabajo que se hizo en la transición estuvo bien, pero la post-transición en este país ha sido una bazofia. Se han ganado a pulso la desafección de la ciudadanía hacia la política, con la complicidad de muchos de nosotros que hemos seguido votándoles y hemos seguido mirando hacia otro lado. En este país no ha habido movimiento social que haya ejercido una vigilancia hacia sus representantes. Hemos pensado que con ir cada cuatro años a depositar el voto en la urna estaba todo solucionado. Y si hablamos de Montoro incendio este museo. ¿Ese era nuestro compromiso con la democracia?”, se preguntó la novelista.

 

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